Creyendo próxima la hora de su muerte, Doña Juana de Vega legaliza su testamento el treinta y uno de mayo de 1869.
En él, además de dejar casi todos sus bienes para la creación de esta Fundación, hay cláusulas muy interesantes, que son, a la vez, representativas de su sentir, demostrado a lo largo de su vida.
Destacan especialmente las relativas a: